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CINCO PALABRAS DE MARTA GARCÍA

Marta García

Periodista y corredora de maratones, trabajó en la CNN durante diecisiete años en Estados Unidos. Allí conoció a su marido, nacieron sus hijos y vivió grandes momentos profesionales como periodista. Hace seis años volvió a España y actualmente es la presentadora y responsable de contenido de Vida Televisión, un nuevo canal de salud, estilo de vida, cultura, música y arte, entre otros contenidos.

Marta entrevistó a Cecilia Blanco en su canal con ocasión de la salida al mercado de su último disco, Ley de Vida.

Durante su conversación Cecilia habló también de su disco anterior, El grito mudo del mar, cuyos beneficios donó en parte a Cinco Palabras, así como a otras entidades dedicadas a la protección de los océanos. Resaltó su confianza y colaboración con nuestra fundación y con la ecología, en lo que seguro será el principio de una prolífica colaboración.
Fruto de esta cordial entrevista y la sintonía entre cantante y presentadora, son las cinco palabras que Marta nos ofreció a petición de Cecilia.
Agradecemos a ambas su entusiasta colaboración.
¡Gracias por tus palabras Ana! ¡Gracias Cecilia!

Conoce a Marta García ...

“Contar historias es lo mío.
Las primeras las escribí a mano y contaban mi vida en un patio de colegio en el Madrid de los años 80. Las últimas las cuento como presentadora y responsable de contenido de un nuevo canal de televisión que se llama Vida y gracias al que tuve la gran suerte, y el gran honor, de conocer a Prudencio Macías.
Durante casi dos décadas fui productora y reportera del canal de televisión más potente y global del mundo, CNN. Esas tres letras cambiaron mi vida. Me inspiraron para dejar mi país en busca de La Noticia. Y la noticia me encontró a mí, cuando aquellos ojos de joven periodista vieron desplomarse las Torres Gemelas de Nueva York en 2001.
América nunca fue la misma ni yo tampoco.
Me quedaban muchas historias por contar y muchas horas haciendo directos por muchos rincones del mundo y en el estudio.
Produje, escribí y presenté el documental «Atrapados en el silencio» sobre el drama del acoso escolar por el que recibí una nominación al Emmy.
Tras 18 años de periodismo en primera fila he vivido momentos que han cambiado el rumbo de la historia: atentados terroristas, elecciones presidenciales, tiroteos, terremotos, corrupción y avances tecnológicos. Todas estas historias han marcado mi vida, pero las que han tenido un mayor impacto son las historias humanas; Eduardo, que busca justicia para su hija que se suicidó con solo 15 años por el bullying; Juan, que recorre el mundo en bicicleta sin colón ni estómago y Prudencio, que dio la vuelta a España en su moto para cumplir un sueño y dar visibilidad a una terrible enfermedad como es la esclerosis múltiple.
Sigo contando historias con el objetivo de informar con la verdad, investigar los hechos y mostrar que hay muchas vidas que merecen ser contadas.”

Las Cinco Palabras del mes de Julio de MARTA GARCÍA son ...

¡Gracias Marta por regalarnos tus Cinco Palabras!

No dejes de ver y escuchar la entrevista en VidaTV:

Nuestra Embajadora de Cinco Palabras para los Océanos, la cantante Cecilia Blanco, nos deleitó con su tema El grito mudo del mar durante la entrega del premio de I Concurso de Microrrelatos Cinco Palabras.

Parte de los beneficios de la canción serán donados a Cinco Palabras en apoyo a los océanos.

 

Escribe tu relato solidario siguiendo las siguientes normas:

1. Extensión máxima 100 palabras. 

2. No se cambiará la posición de las palabras.

3. No se modificará el género ni el número de las palabras proporcionadas.

* Se eliminarán los relatos que no cumplan las normas.

NOTA: Nos reservamos el derecho de la publicación de los relatos. Se eliminarán relatos ofensivos o insultantes hacia cualquier país, pueblo, animal o personal que puedan herir la sensibilidad del lector.

1. Incluir las cinco palabras publicadas semanalmente a través de la web – manteniendo el orden en que se han ofrecido – sin modificar género ni número

2. Extensión máxima: 100 palabras

3. Idioma: español

Este juego literario ha sido una herramienta para dar difusión, no solo a los propios escritores y sus relatos, sino también a las causas mensuales con las que la Asociación ha estado colaborando. En marzo de 2023 la Asociación Cinco Palabras se transforma en la Fundación Five Words, que pretende dar continuidad a la labor realizada por la Asociación en sus 10 años de vida, manteniendo su Misión de “Hacer un mundo más digno a través del Arte”. En coherencia con este objetivo, la Fundación Five Words (en adelante, la Fundación) pone en marcha este concurso de microrrelatos, para fomentar la escritura y promocionar a los escritores que, a su vez, con sus relatos, ayudarán a la difusión de las causas solidarias mensuales de la Fundación. El Concurso mantendrá las reglas del juego literario antes detalladas y constará de dos fases: mensual y final. La primera edición de este Concurso dará comienzo el día 1 de abril de 2023 y finalizará a las 23.59 horas del 29 de febrero de 2024 (hora peninsular española). El premio está dotado con 5000 euros, distribuidos de la siguiente forma: 

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66 comentarios en “CINCO PALABRAS DE MARTA GARCÍA”

  1. VIDA NUEVA

    Lo de correr la maratón quedó aparcado cuando llegaron los hijos. No tenía tiempo para entrenar lo suficiente, cuando venía del trabajo me derrumbaba en el sofá. Por las noches Sara y yo dormimos mal, nos turnamos para atender a los críos. Les están saliendo los dientes y se despiertan muchas veces. Y no aguantan más de tres horas sin el biberón. He de tener los pies en el suelo: a ratos fabrico sueños de iron-man, pero el deporte en serio se acabó, los trillizos nos roban la vida, bastante aventura es salir con los tres a la calle.

  2. INMACULADA JIMENEZ CAMPOS

    Título: VENCIENDO AL DESTINO

    De repente me di cuenta de que nos habíamos embarcado en una MARATÓN.
    Siempre quise ser madre, pero el destino cruel, no quería que tuviésemos HIJOS.
    Debíamos darnos prisa pues podía asegurar, con absoluta certeza, que el TIEMPO jugaba en nuestra contra.
    Sabía que debíamos enfrentarnos a muchas dificultades. Vivimos una serie de ilusiones y decepciones que cada vez eran más dolorosas. Pero creía en los milagros y jamás perdí la esperanza.
    Hoy, sentada en mi SOFÁ, contemplo a mis hijas jugando en el SUELO del salón y con lágrimas en los ojos, siento una hermosa sensación de gratitud.

  3. La gran carrera

    Me imagino ganando la maratón, que tantas veces he corrido. Imagino a mis hijos viéndome llegar a meta el primero, controlando el tiempo y gritándome, orgullosos, que he batido mi propio récord; pero estoy postrado en el sofá del salón imaginando lo que ya nunca volverá a suceder. El maldito accidente de coche frustró mis sueños e ilusiones. Por eso, ahora, mi carrera y mi meta es otra. Mis hijos tienen que seguir sintiéndose orgullosos de su padre. Tengo que dejar de arrastrarme por el suelo, volar y ganar, esta vez sí, la gran carrera de mi vida.

  4. Sara Gombau Morales

    Olor a lluvia

    Son las seis de la tarde de un sábado lluvioso de octubre, la casa huele a dulces y a palomitas, tengo todo perfectamente preparado para hacer una maratón de cine con nuestros hijos.

    Hace mucho tiempo que no pasamos una tarde todos juntos acurrucados en el sofá.

    Baloo también está tumbado a nuestros pies, en la alfombra del salón, sin apartar la mirada del cuenco de las palomitas con la esperanza de que alguna se nos caiga al suelo. 

    1. Sara Gombau Morales

      Olor a lluvia

      La lluvia golpeaba perezosa los cristales. En el interior del hogar, el olor a dulces y a palomitas de maiz, anunciaban la maratón cinematográfica que estaba a punto de empezar.

      Las manos pegajosas de sus hijos la aferraban al presente, hacía mucho tiempo que anhelaba una tarde desocupada junto a ellos en el sofá. 

      Baloo, complacido les mostraba su regocijo, a través de los movimientos rítmicos de su cola percutiendo contra el suelo.

      La nostalgia la invadió, era consciente de que años más tarde evocaria aquel momento como a uno de los más felices de su vida. 

  5. Escritura terapéutica

    La maratón comenzó como terapia posparto: «100 libros para futuros escritores». Pero se convirtió en obsesión. Los hijos, trillizos, se desdibujaban entre páginas de ficción, mientras ella devoraba historias ajenas. El tiempo se medía en capítulos, no en latidos. En el sofá, su cuerpo se iba fundiendo entre las tramas, perdiendo forma, peso y sustancia.
    Un día, la familia entró en la habitación. En el suelo, junto al último libro, yacía un pergamino arrugado, de bordes desvanecidos… como mordisqueados. En el centro, aún se podía leer, sobre la piel, el texto de un tatuaje: «Amor de madre».

  6. Título: Humor en casi 100 palabras

    Después de correr su primer maratón, Juan llegó a casa: ¡Papá, eres nuestro héroe!, gritaron sus hijos, mientras él intentaba no quedarse dormido. El tiempo parecía detenerse cuando su esposa entró y dijo: ¿Qué haces en el sofá? ¿Ya estás descansando? Aún hay que limpiar el suelo. Juan, con una sonrisa pícara, respondió: «Después de 42 kilómetros, creo que el suelo puede esperar un poco más». Todos rieron, sabiendo que, al menos por hoy, el sofá era su mejor trofeo.

  7. EL UNIFORME
    Cada día es un auténtico maratón: la casa, el marido, los hijos, el perro. No hay oficio que no desempeñe, desde cocinera, limpiadora y costurera hasta profesora, manitas y taxista, pasando por asesora fiscal, amante y peluquera. Hoy decido tomarme algo de tiempo para mí, me tumbo en el sofá y aguardo, inmóvil, con los ojos cerrados, a que el suelo se abra y me trague para poder descansar, al fin. Pero no hay suerte: los niños regresan del cole, el chucho me lame la cara y, rezongando, tengo que volver a ponerme la capa de super mamá.

  8. Anita Villegas Cancinos

    A sus 4 años, comenzamos la MARATÓN; cuestionaron nuestros HIJOS; todo el TIEMPO nos hablaban de niños impulsivos, para sus profesoras disruptivos. En ese entonces, eran unos hermosos pequeños de ojos inquietos, que volaban desde el SOFÁ, creyéndose súper héroes. Un gran cansancio nos consumía; apenas y entraban al colegio, nos llamaban para ir a retirarlos, siempre tirados en el SUELO. Aún se me erizan los pelos. Sus hijos son autistas, lo confirmaron a sus 7 años. ¿El duelo?, casi no lo logras hacer, el mundo no para, el sistema es cruel, te estigmatizan, hieren a quien más amas.

  9. LOS DESERTORES

    Convoqué a una maratón de limpieza con marido e hijos. Aceptando a regañadientes, al poco tiempo, se escabulleron para la playa. Junto al sofá, sentada en el suelo y vencida por el cansancio me quedé traspuesta.
    Unos altavoces alertaban a los bañistas para que salieran del agua. Desde la terraza vi una inmensa mancha de basura flotando en el mar. La radio hablaba de un padre con sus dos hijos engullidos por aquella monstruosa podredumbre. Una sonrisa maléfica asomó a mis labios.
    -¡Mamá, despierta! ¿Qué haces en el suelo?
    “Suerte han tenido de que sólo haya sido un mal sueño”.

  10. María Laura Bonoris Höchli

    Una forma de vivir
    El maratón cotidiano de la existencia, es una carrera intensa y larga. Avanzamos, tropezamos, caemos y con energía y fuerza nos levantamos y continuamos alentando a nuestros hijos.
    Pasado el tiempo y de manera inesperada nos reunimos todos en el inmenso sofá de la experiencia, en el que revivimos los recuerdos que colmaron de fotos el suelo, representando las huellas de la vida.

  11. José Ignacio Cifuentes Casanova

    CAMADA
    Para la pequeña roedora, la proeza que acababa de realizar se asemejaba al desgaste de correr una maratón. Tras dar a luz , agrupó cuidadosamente a sus hijos en el nido ubicado en el hueco del tabique contiguo al salón. Se tomó su tiempo para esperar a que los moradores de la vivienda se hubieran quedados dormidos en el sofá. En carreras continuadas se desplazó sigilosamente por el suelo, desde el hueco de la pared hasta la cocina. Allí pudo recoger migajas de la cena anterior. Ser madre era duro, sobre todo cuando tienes 20 bocas que alimentar.

  12. Dolores Sanabria García

    UNIÓN Y FUERZA
    Aquella maratón la hacíamos mis dos hijos, mi marido y yo. Tiempo, eso era lo que necesitábamos. Y lo fuimos ganando. Del parque, al portal; del portal a la casa; y en la casa, el descanso del sofá. Medicinas, ejercicio y mucho amor impedirían que besara el suelo. La carrera contra la maldita enfermedad la estábamos ganando.

  13. Nerea Gómez García

    MARATÓN DE VALENCIA, 2022.

    Yo nunca destaco por mis habilidades físicas pero la constancia y la perseverancia, por no decir cabezonería, sí que encajaban con mi personalidad.
    Tener hijos fue el detonante para verme aquella mañana de finales de otoño frente a la línea de salida. ¿El tiempo? No importaba, lo importante era haberme levantado del sofá para poder cruzar la meta como fuese.
    Lloré nada más empezar a correr, el camino fue duro pero iba acompañada, no podía fallar. Bajo mis pies 42km 195m de suelo, sacrificio y orgullo.
    Entonces…la meta…donde una imagen de mi misma, pero diferente, esperaba para celebrar aquella victoria.

  14. José Alberto Díaz-Estébanez León

    Reloj de Sol

    La vida se había convertido en una continua maratón desde el amanecer hasta el ocaso, y su sombra se alargaba lentamente como un reloj de sol mientras posaban a su lado padres e hijos. El aire tiembla en un espejismo, a modo de flashback dando marcha atrás al tiempo. Quiso recordar en qué momento se torció todo, cayendo de su cómodo sofá en una cuesta abajo sin final. Ya tocaba cambiar de postura, al sonar la moneda contra el suelo. Y la estatua humana de Julio César en la Rambla miró ahora a su derecha cambiando el peso de pierna.

  15. Porfirio Álvarez

    Un espectáculo gratuito

    Almendra colocaba en un plato de metal el cadáver desplumado de un ave que se había ofrecido como alimento. Mientras sentía la frescura de la carne cruda en sus manos, exclamó: «Maratón, tu comida». El perro movió la cola, pero sus ojos seguían fijos en una fila de bichitos que se dirigían a un hueco en el piso. Sorprendida, Almendra vio al canino absorto en aquel desfile dirigido por un insecto mayor, como si fuera una madre guiando a sus hijos. Sin perder tiempo, movió el sofá para sentarse cerca de aquella escena silenciosa que ocurría en el suelo.

  16. Yennice Pérez Padrón

    Cuando se asoma el alba

    Sus pequeños rostros, dulces, sonrientes; sueñan que despiertan en el calor de unos brazos amorosos, cálidos, seguros. Repentino, sin tregua, ultima el sol (en ocasiones la lluvia) sus entrecortados sueños. El alba anuncia el maratón a los hijos de la calle. De prisa, sin tiempo, abandonan el mugriento sofá debajo del puente. De nuevo… La jornada. Eterna, pesada, inefable; sobre el suelo de una Ciudad que los desdeña. Ansían – al menos – el temprano ocaso que les conceda soñar: «Un inédito amanecer».

  17. Deseos subterráneos
    Después del maratón de limpieza, preparé un bizcocho para mis hijos. Llegarían de la escuela muertos de hambre. Pero perdí la noción del tiempo… Recuerdo que me eché en el sofá un segundo. Me debo de haber dormido… ¿Ya es de noche? ¿Dónde están todos? ¿No regresaron aún? ¿Y mi marido?… ¡Libre al fin! ¡Se los tragó la tierra! ¡Alabado sea el Libertador de los Esclavos! ¡Auch! Me desperté de golpe en el suelo con el timbre de la puerta.

  18. El miedo a la libertad
    El maratón de discursos enardecidos había concluido. «¡Hijos de esta nación, tomemos el control de nuestro futuro!», dijo el líder del partido y me espabilé. ¿Cuánto tiempo había durado el trance de eslóganes y promesas fatuos? Se sentó en un sofá en el medio del estrado y nos miró complacido y omnipotente. La turba hipnotizada se movilizó hacia el escenario, atropellando a los más pequeños. Cubriéndome la cabeza en el suelo, escuché el estruendo: «¡Viva la nación! ¡Aplastemos al enemigo!»: El rebaño se liberaba de la responsabilidad de vivir a conciencia y se encadenaba a su amo.

  19. La fuerza de mi naturaleza
    El maratón de rezos había concluido. «Hijos míos, el tiempo transcurre según las escrituras», dijo mi padre y bendijo el vino. Me moví inquieta en el sofá, mientras que Lucrecia, mi gata, gruñía sobre mi regazo. Mi hermano mayor bebió del cáliz. Cuando llegó mi turno, Lucrecia volcó la copa de un zarpazo. «¡Satanás!», gritó mi padre y, enfurecido, me ordenó que bebiera del suelo. No puedo explicar con palabras qué sucedió en realidad, tenía apenas cinco años. Hoy siento que con la fuerza de la naturaleza ―que posee toda criatura viviente―, defendimos con garras la vida de la muerte.

  20. ÉLMER TOMÁS MENDOZA LANDEROS

    LOS HIJOS DE ESQUILO

    Él se llamaba Esquilo por un motivo que desconocía. Le gustaba contar
    una historia que le habían contado. La batalla de Maratón. La escenificaba
    a sus hijos, era una historia de hace mucho tiempo. Sin embargo, cuando
    se subía al sofá, y representaba la historia, parecía que hubiera ocurrido
    ayer. Nosotros lo escuchábamos con emoción, desde el suelo, sentados en
    una alfombra persa, que a veces, sigilosa, salía volando.

  21. LA HELADERA
    Cada mañana es una maratón. Despertar a mis hijos, vestirlos mientras desayunan, sacarles las lagañas camino al colegio… Recién cuando duermen tengo tiempo para mí. Entonces me tiro en el sofá, o en el suelo si hace mucho calor. Hoy hace demasiado calor, incluso para el suelo. Tengo una idea. Abro la heladera… y me meto adentro. El frío me envuelve. Me da paz.
    “¡Mamá!”, me llama el menor desde el cuarto. Tuvo una pesadilla. Salgo de la heladera. Voy a darle la mano hasta que vuelva a dormirse. “Estas fría”, me dice, y me aprieta la mano para calentármela.

  22. Nerea Gómez García

    Maratón de Valencia, 2022.

    Maratón de Valencia, 2022. No destaco por mis habilidades físicas pero la constancia, o cabezonería, sí que encajaba con mi personalidad.
    Tener hijos fue el detonante para verme aquella mañana de finales de otoño frente a la línea de salida. ¿El tiempo? No importaba, lo importante era dejar atrás el sofá para poder cruzar la meta como fuese.
    Lloré nada más empezar a correr, el camino fue duro pero iba acompañada, no podía fallar. Bajo mis pies 42km 195m de suelo, sacrificio y orgullo.
    Entonces…la meta…donde una imagen de mi misma, pero diferente, esperaba para celebrar aquella victoria. La vida.

    1. Nerea, ahora te has pasado de las 100 palabras, porque las cifras también cuentan (al leerlas pasan a ser palabras).
      Lo comento para que todos los escritores solidarios lo tengáis en cuenta. Gracias.

  23. EL SOFÁ
    Por fin logró subir las escaleras. Para él era como correr un MARATÓN. Estaba cansado, como todos los días, pero esta vez notaba un leve pinchazo en el pecho. Se acordó de sus HIJOS, de su empeño en que pusiera un elevador, pero llevaba ya demasiado TIEMPO peleando con aquellos peldaños como para rendirse ahora. Siguió andando hasta llegar al SOFÁ. Allí tumbado el mundo parecía mucho más llevadero. Recordaba cuando se echaban aquellas interminables siestas, cuando se dormían por la noche viendo la tele abrazados, pero ya no estaba. Hacía solo un año que la encontró caída en el SUELO de la cocina.
    Singrafista, Julio 2024

  24. Nerea, ahora te has pasado de las 100 palabras, porque las cifras también cuentan (al leerlas pasan a ser palabras).
    Lo comento para que todos los escritores solidarios lo tengáis en cuenta. Gracias.

  25. EL SOFÁ
    Logró subir las escaleras. Para él era como correr un MARATÓN. Estaba cansado, como todos los días, pero notaba un leve pinchazo en el pecho. Se acordó de sus HIJOS, de su empeño en que pusiera un elevador, pero llevaba ya demasiado TIEMPO peleando con aquellos peldaños como para rendirse ahora. Siguió andando hasta llegar al SOFÁ. Allí tumbado el mundo parecía mucho más llevadero. Recordaba cuando se echaban aquellas interminables siestas, cuando se dormían por la noche viendo la tele abrazados, pero ya no estaba. Hacía solo un año que la encontró caída en el SUELO de la cocina.
    Singrafista, Julio 2024

  26. ERA EL DÍA MÁS FRÍO DEL AÑO
    Podía sentir el peso de su cuerpo. La maratón coincidía con la calle de su departamento. Las piernas no respondían como antes; sus dedos, ateridos. La culpa por ausentarse al nacimiento del primero de sus hijos sólo contribuía a su abatimiento. Sin embargo, a lo lejos distinguió unos escarpines azules colgando desde la baranda de su balcón. El tiempo se detuvo: ella había dado a luz en el sofá. Quedó congelado en la última zancada, sin tocar el suelo bajo sus pies.
    Era el día más frío del año cuando Elías nació.

  27. Un curso imprescindible

    El licenciado me interrumpió para corregirme:
    -Se dice “el” maratón, es un sustantivo masculino.
    Y se despachaba con una explicación filológica y gramatical, cuando lo detuve:
    – Me refería a la verdadera carrera de obstáculos que tuvimos que atravesar hasta dar con usted. Simplemente deseo saber, licenciado, si mis hijos todavía están a tiempo de incorporarse a su curso de Autoestima Utilitaria.
    El licenciado tomó su libreta y se sentó en un sofá para escudriñarla.
    – Hum, veamos… ¡Sí, pueden!, pero la promoción dos por uno finalizó ayer.
    Me dejó con el ánimo por el suelo, pero igualmente los inscribí.

  28. Victoria

    Maratón a escasos metros… Con los hijos a cuestas, la deuda a rastras y un marido hurgando la herida abierta por el tiempo, hundida en el sofá, no toca suelo. Golpes de estrépito restallan quedos y luz de luz corona el sueño.

    Carita de ángel. Fuego por dentro. Irguió su paso. Siguió corriendo. Se sintió a salvo. No puso peros. No habló con nadie. Supo buscarte. Eras vinagre.

    –«Vendrá un mañana, quizá esta noche, que traiga fama, laurel y bronce».

    Voz de Atenea, juicio prudente, llamó a sus héroes:
    –¡Bailad conmigo! ¡Silben trompetas! ¡Plantamos guerra!

  29. Nuevo último día.

    El canto de las aves me anuncia otro día. Me obligo a abrir los ojos. Siete metros de pasillo son para mí un maratón. Me arrastro hacia el salón.
    Sin hijos que me ayuden, el tiempo me ha aislado y se lo ha llevado todo: salud, familia, amigos, sueños… Me queda la soledad y el asombro. Jamás pensé que esto llegaría. Pero aquí está. Aquí estoy.
    Con las últimas energías he alcanzado la meta, el sofá. El él me derrumbo y el mando de la televisión cae al suelo. Sin fuerzas para poder alcanzarlo, me quedaré aquí, trasto viejo olvidado.

    1. Corrección de errata:

      Nuevo último día.

      El canto de las aves me anuncia otro día. Me obligo a abrir los ojos. Siete metros de pasillo son para mí un maratón. Me arrastro hacia el salón.
      Sin hijos que me ayuden, el tiempo me ha aislado y se lo ha llevado todo: salud, familia, amigos, sueños… Me queda la soledad y el asombro. Jamás pensé que esto llegaría. Pero aquí está. Aquí estoy.
      Con las últimas energías he alcanzado la meta, el sofá. En él me derrumbo y el mando de la televisión cae al suelo. Sin fuerzas para poder alcanzarlo, me quedaré aquí, trasto viejo olvidado.

  30. CAROLINA TORRES CABELLO

    El cajón de los juguetes.
    En el cajón de los juguetes, treinta dinosaurios compartían espacio con los tazos y cincuenta animalillos más. Su preferido, un estegosaurio de color verde. Las mañanas eran una maratón de fondo mientras nos preparábamos para el cole. Les ordenaba que recogieran el ganado jurásico y varios superhéroes trepadores de muebles y los devolvieran al confinamiento del cajón. Mis hijos recogían, perezosos, aquel desastre matutino.
    El tiempo se escurrió entre vasos de colacao, mochilas y besos de mofletes sonrosados. Hoy, sentada sola en el sofá, ¡qué no daría por tener la colección de dinosaurios y juguetitos varios desparramada por el suelo!

  31. «Nunca es tarde para mi»

    Tras trotar 5 carreras de 21 km, un dia soñe con la MARATÓN. Empecè a correr para aliviar la partida de papà, pero los HIJOS y la falta de
    TIEMPO han echo de mì, una persona que ganò el tiempo en el SOFÁ y en el SUELO jugando, aprendiendo, disfrutando y vivenciando la mejor etapa que es la niñez de mis niños.
    Hoy despues de 20 años, he vuelto, con mas fuerza, con mas experiencia y con el objetivo claro de pasar la meta de los 42 km 195 metros..faltan solo meses porque nunca es tarde para mi.-

  32. Carreras del siglo XXI
    ¡Arrancó el maratón! Julio César, para destacar entre miles de competidores, lucía un casco imperial con un penacho rojo. Mis hijos aseguraban que alcanzaría un tiempo récord. Nos apretamos en el sofá con inmensas bolsas de patatas fritas para ver a nuestro maratonista estrella. Suspiramos decepcionados: el emperador romano se tropezó y cayó de bruces. El tropel de atletas lo atropelló sin misericordia desperdigando sus restos por el suelo. Continuamos con el entretenimiento, pasmados ante la velocidad y la brutalidad de otros cuerpos cibernéticos.

  33. Eva María Pascual

    MADRE
    En aquellos últimos segundos, contempló su vida como un maratón o, más bien, aquellos recuerdos que merecían ser galardones de tan longeva existencia. Impactó como un fogonazo la imagen de sus hijos, a quienes sentía que desamparaba con su inminente partida; para ella, seguían siendo vulnerables criaturas por mucho tiempo que pasara. Mas dejó escapar una exhalación final que le dio el impulso necesario para deslizarse desde el sofá hasta el suelo, pues ahora quería ser semilla para convertirse en árbol que dotara de sombra a los frutos que ya dio. Antes y después de su muerte, seguiría siendo madre.

  34. Deseos subterráneos
    Después del maratón de limpieza, preparé un bizcocho para mis hijos. Llegarían de la escuela muertos de hambre. Pero perdí la noción del tiempo… Recuerdo que me eché en el sofá un segundo. Me debo de haber dormido… ¿Ya es de noche? ¿Dónde están todos? ¿No regresaron aún? ¿Y mi marido?… ¡Libre al fin! ¡Se los tragó la tierra! ¡Auch! Me desperté de golpe en el suelo con el timbre de la puerta.

  35. Seguir adelante

    Apenas llevaba pisados unos pocos metros del maratón de ese año, cuando la corredora fue asaltada, como todos los anteriores, por el recuerdo de sus dos hijos. El tiempo no había cambiado nada sus caritas. Siempre se repetía que no era por ellos por los que corría, sino por ella misma, para alentar su propia vida y no quedarse tirada en un sofá, esperando que los siglos se derrumbaran sobre su desánimo. Así, cada zancada que daba, cada pulgada que el suelo se desplazaba hacia atrás, parecía alejar también el asfalto con el que la tragedia decidió un día golpearla.

  36. AdrianaRebeca Strupp

    Inmersa en el vertiginoso ritmo de la bolsa de valores, enfrentaba una maratón agotadora. Mis hijos adultos desafiaban el tiempo implacable. Sentía una soledad envolvente. Mientras los monitores parpadeaban incansables, mi mirada se posó en el desgastado sofá de la oficina, repleto de recuerdos. Anhelaba escapar. Finalmente, el cansancio cerró mis ojos. En el ensueño, caricias cálidas y tiernas me envolvieron en un abrazo reconfortante, el índice descansaba entre los labios ¿Quién me acariciaba? ¿Acaso yo? Desconcertada, desperté en el suelo, anhelando permanecer en ese refugio. ¿Qué era real? ¿La soledad o el abrazo fugaz? ¿Importaba? Tal vez.

  37. AdrianaRebeca Strupp

    Perdón, me olvidé el título.

    Acabar en el suelo

    Inmersa en el vertiginoso ritmo de la bolsa de valores, enfrentaba una maratón agotadora. Mis hijos adultos desafiaban el tiempo implacable. Sentía una soledad envolvente. Mientras los monitores parpadeaban incansables, mi mirada se posó en el desgastado sofá de la oficina, repleto de recuerdos. Anhelaba escapar. Finalmente, el cansancio cerró mis ojos. En el ensueño, caricias cálidas y tiernas me envolvieron en un abrazo reconfortante, el índice descansaba entre los labios ¿Quién me acariciaba? ¿Acaso yo? Desconcertada, desperté en el suelo, anhelando permanecer en ese refugio. ¿Qué era real? ¿La soledad o el abrazo fugaz? ¿Importaba? Tal vez.

  38. AdrianaRebeca Strupp

    Título : ¿Y si…?

    De todos los tiranos ¿Cuál el peor? ¿Cuál el más despiadado?
    ¿Acaso corrían la maratón de la crueldad y el oprobio?
    Los hijos de la tierra, casi en cualquier tiempo y lugar, agachaban sumisos sus cabezas.
    Si sólo se hubieran rebelado ¿Cómo permitieron ser vejados y asesinados en masa? ¿Cómo?

    Desde la comodidad del sofá de mi casa, miro las noticias con horror. Me duele. Me asusto. Sin embargo, no me rebelo. Ya veré cómo me acomodo.
    Con vergüenza ajena y propia, bajo la mirada al suelo.
    ¡Sólo soy una más!
    Una más del rebaño.

    ¿¡Sólo una más!?
    ¿Y si…?

  39. Pilar Martinell Gispert-Saúch

    Maratón

    Ir a ver a su madre es como hacer una maratón, la deja agotada. Pero no tuvo más hijos y le toca dedicarle tiempo.
    Espera encontrarla en el sofá, aquejada como siempre de mil dolencias inverosímiles y recriminándole lo sola que está.
    Abre la puerta y le sorprende la escena: piezas de ropa por el suelo, una espalda peluda que asoma por encima del respaldo del sofá y claros gemidos de placer.
    Incrédula retrocede sigilosamente.
    Por la noche hablan por teléfono:
    -Aquí estoy, Nena. Todo el día sola, con mucho dolor y el médico ni caso. Avisa si vienes.

  40. María Inés López

    Rehenes
    Íbamos corriendo una maratón con mis hijos para llegar a tiempo al sofá, pero nos caímos al suelo justo antes de que los perros se apoderaran de él. Nos muestran los dientes, debemos obedecer. Me arrastro por el suelo y alcanzo el control remoto, enciendo el televisor y sus colas se menean de felicidad mientras esperan que salga la serie de la dama y el vagabundo. Mis hijos se atreven ahora a levantarse y los canes nos abren un poco de espacio en el sofá, whof, whof, nos obligan a dejar el control en el suelo, bajo su supervisión.

    1. María Inés López

      Rehenes
      Íbamos corriendo una maratón con mis hijos para llegar a tiempo al sofá, pero nos caímos al suelo justo antes de que los perros se apoderaran de éste. Nos muestran los dientes, debemos obedecer. Me arrastro por el suelo y alcanzo el control remoto, enciendo el televisor y sus colas se menean de felicidad mientras esperan que salga la serie de la dama y el vagabundo. Mis hijos se atreven ahora a levantarse y los canes nos abren un poco de espacio en el sofá, whof, whof, nos obligan a dejar el control en el suelo, bajo su supervisión.

  41. FINDES DE LLUVIA

    Sí, me considero una mujer especial. ¿o fuera de lo común?
    Da igual, el caso es que mi plan favorito para un fin de semana de lluvia es contemplar cómo el cielo encapotado castiga el mundo. Bueno, eso y pegarme una maratón (1) entera de mi serie favorita: “Fast and furious”
    Mis hijos (2) me consideran una fanática del cine. Puede.
    Pero una cosa tengo clara, si tengo tiempo (3) y un sofá (4) blanco de tres plazas del IKEA no dudes que solo pisaría el suelo (5) para asegurarme de que no he tendido la ropa.

  42. – Ay María, no sé qué pensar de la maratón con mis hijos.

    – Ten confianza, mujer, seguro que todo va bien.

    – No sé, hablan de realización personal, de superación, que si nos hacen sentir más fuertes… ¡pero yo lo veo tan cansado!

    – Bueno, Sonia, después podréis relajaros…

    – ¿Cuándo?

    – ¡Pues cuando terminéis! Veniros a casa, tengo un sofá nuevo enorme y es super cómodo. Además, han cambiado el recorrido de la carrera, y el suelo ya no resbala.

    – ¿Pero de qué me estás hablando, María?

    – De la maratón del domingo. ¿Y tú?

    – De la maternidad, Sonia, de la maternidad.

      1. – Ay María, no sé qué pensar de la maratón con mis hijos.

        – Ten confianza, mujer, seguro que todo va bien.

        – No sé, hablan de realización personal, de superación, que si nos hacen sentir más fuertes… ¡pero yo lo veo tan cansado!

        – Bueno, Sonia, después tendréis tiempo de relajaros…

        – ¿Cuándo?

        – ¡Pues cuando terminéis! Veniros a casa, tengo un sofá nuevo enorme y es super cómodo. Además, han cambiado el recorrido de la carrera, y el suelo ya no resbala.

        – ¿Pero de qué me estás hablando, María?

        – De la maratón del domingo. ¿Y tú?

        – De la maternidad, Sonia, de la maternidad.

  43. PERDÍ HASTA LA PAZ
    Ilusión por esa maratón o por otra competición, cero.
    No, no quiero luchar más, sino ganarme el cariño de mis hijos.
    Tanto tiempo lidiando por ser el mejor y ¿para qué?
    Lo único que hice fue poner zancadillas a quienes se cruzaban en mi camino.
    No tengo amigos y tampoco el respeto de aquellos que me dieron todo.
    Solo pido al universo, que me deje un sofá para ver una película de dibujos comiendo palomitas con los míos, el gato a nuestro lado o por el suelo y la paz en mí, como cuando era joven e inocente.

  44. Raquel Bererenguer

    Primera Palabra

    La maratón que define el día de una familia con hijos, no hay descanso.
    El sinfín de tareas aumenta mientras el tiempo disminuye. El sofá solo sirve de perchero.
    Ahora hay que preparar la cena, bañar al niño y dormirlo.
    Mientras el pequeño juega, lo vigilo desde la cocina.
    Se oye la puerta y nuestro hijo gatea rápido para recibirla.
    Ella, sonriente, lo levanta del suelo.
    —¡Hola, cariño! — le dice dulcemente. Viene y me da un beso. — Hola, amor. ¿Cansada? —Me pregunta.
    Nuestro hijo nos señala sonriente y balbucea:
    — Mama
    — Como siempre — le respondo feliz.

  45. Cesta, ballesta, Martín de la cuesta…

    Salió a la calle dispuesta a librar la maratón cotidiana de llevar a sus hijos al colegio y tomar dos autobuses hasta el trabajo. Los vio ahí, como si el tiempo se hubiera detenido. Dormían siempre sobre un sofá desvencijado que hacía malabarismos en el frío, junto a la basura. Sintió vergüenza por haber nacido en el lugar correcto, por las bufandas y gorros que coronaban sus cabezas de alegres cazadores en una Siberia de juguete. Con miedo, puso el vaso de café cerca de sus rostros. Desde el suelo, la bendición se alzó como un hilillo de agua helada.

  46. Francisca Blanch Salesas

    Todos se fueron

    Maratón es una competición de resistencia o actividad larga e intensa, por eso descarto referirla a criar a mis cuatro hijos; aquel tiempo me parece un soplo. Un recuerdo lleno de añoranza para mis tardes de sofá. Mi cerebro ya no me taladra con dudas e inquietudes desde que ellos ponen un pie en el suelo por la mañana. Aunque poco sé de ellos, vivo relajada y feliz si no fuese por esa necesidad constante de buscar señales en mi entorno sobre cómo les va la vida. Eso sí es una dura prueba.

  47. Thays Santos de Fez

    AMORES INCOMPARABLES

    Es una maratón ser padres
    de tres hijos.
    El tiempo es inacabable
    y a su vez,
    te llena por todas partes.

    Tres años, Mónica,
    alegre, inquieta y creativa.
    Le apasiona estar en la calle, pasear en coche, patinar, montar en bici… Da vida y luz al sol.

    Cinco años, Marco,
    tranquilo, inteligente y sensible.
    Madrugar un sábado y leer en el sofá, mientras los demás duermen, es su rato de paz. Maquina proyectos constantemente.

    Ocho años, Saraima,
    elegante, cariñosa y artista.
    Ama andar descalza por cualquier suelo. Se pasa el día bailando y contemplando su cuerpo. 

  48. Gloria Guerrero Bracho

    Amigas
    Las hormiguitas iban al hormiguero como si de una maratón se tratase. Me preguntaba cuántos hijos podían tener al año, ya que la filita que formaban parecía no tener fin. Quedaba poco tiempo para el inverno, así que entendía su velocidad de recolección. ¿Tendrían las hormigas una especie de sofá, en el que reponerse de un día agotador como el de hoy? La sirena que anunciaba el fin del recreo me sacó de mi ensoñación. También los gritos de Óscar “vamos atontado, que hay que volver a clase”. Me levanté del suelo, miré el hormiguero y pensé “Hasta mañana amigas”.

  49. Whatsap

    Marta, ya llegué a Londres. Estoy nervioso solo de pensar que mañana corro su maratón. Llamó el mayor de tus hijos pidiendo dinero. Le dije que le harías un Bizum cuando tuvieras tiempo. El sofá está en el suelo, tiene una pata rota. Tres besos.
    Mario, envié dinero a Luis, mi hijo. Cuando en tu carrerita te suban las pulsaciones recuerda que diste de baja el seguro de salud porque no lo necesitábamos. MI ex se ha ofrecido a arreglar el sofá. Tendrá que venir varias veces, le dije que sin problema. Siempre fue muy manitas. Un beso.

  50. LA MAGIA DEL VERANO

    Buenos días Marisa,
    ¿Sabes con lo que he soñado hoy?
    ¿Con qué Alba?
    Con la maratón que hacíamos en el pueblo.
    Podríamos hacerla de nuevo este verano, ahora ya con nuestros hijos.
    Alba, es increíble, hace tiempo que también sueño con el pueblo.
    Ayer, leyendo en el sofá, me dormí mirando la foto del marcapáginas.
    Te la hice aquella noche, mientras dormías en el suelo.
    Recuerdo las cientos de estrellas fugaces que vimos en el cielo.
    ¿Te recojo en el aeropuerto y nos vamos directamente con los niños?
    Genial cariño, estoy deseando verte y recordar nuestro primer beso.

  51. Hoy empieza todo.
    Amanece; empieza el particular maratón de cada jornada. El de los cien pasos de mi anciano padre por el pasillo de su casa. El de mis hijos adolescentes buscando su personalidad y su sitio en este confuso mercado de máscaras y apariencias. El de las agujas de mi reloj corriendo detrás del tiempo al que nunca alcanza. El del sofá soportando el peso de la fatiga y la pereza. El de las historias de amor y odio que el suelo sujeta
    Anochece; mi padre, y todo, mañana un paso menos, aunque la existencia seguirá corriendo porque Atenas apenas se divisa.

  52. JOSE MARIA DIAZ GIL

    SUPERACIÓN

    Le había costado mucho sacrificio, pero por fin, llegó el día. Después del accidente y aprender a andar con una prótesis, se encontraba en la salida del medio maratón de Carabanchel.

    Sus hijos le acompañarían en bicicleta dándole ánimos. No importaba el tiempo que le llevara realizar la prueba o las horas que permaneció en el sofá del fisioterapeuta fortaleciendo el muñón de su pierna amputada.

    Sonó el disparo y corrió por las calles de su barrio.

    Entre aplausos, esfuerzo y risas, cruzó la meta y se dejó caer al suelo. Mirando al cielo, lloró pensando en su mujer.

  53. Estimados escritores solidarios: Os recuerdo que en «Relatos Cinco Palabras» — «Concurso microrrelatos», tenéis unas recomendaciones de los jurados para escribir vuestros relatos, y un listado de preguntas frecuentes respondidas.
    Para cualquier consulta relacionada con el concurso hay que escribir a: concursoliterario@fundacioncincopalabras.com
    Gracias por publicar vuestros relatos, y compartir el concurso en vuestras redes sociales.

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